Hacer público lo evidente
8 06 2008
La publicación dirigida por Rafael Amador Martínez, amigo cercano de la actriz Edith González, reprodujo en sus páginas el acta de nacimiento en la que el político reconoce como suya a la hija de ésta. Creel ha zanjado la cuestión, admitiendo su parte y pidiendo —mediante una carta acordada con la hoy columnista de El Universal— comprensión de los medios de comunicación en general para que le dé a la niña el trato que otorga el derecho a la privacidad.
El origen de la filtración parece haber seguido la ruta más simple: la amistad entre la actriz de televisión y el director general de la revista. Constanza Creel nació en abril de 2004, pero su registro tuvo lugar casi cuatro años después, el pasado 8 de marzo tras. El acta no tardó mucho en llegar a la Redacción de Mi Guía.
Sin embargo, mientras el senador daba por terminado el asunto y abandonaba el país para asistir a una Conferencia Parlamentaria en Estrasburgo, la otra parte decidió mostrarle al mundo el difícil momento que vive por la intromisión de los medios en su vida privada y la de su hija, de la manera más congruente que conoce: le vendió la historia a cambio de un cheque a la revista ¡Hola!, cuyas reporteras (Maru Ruiz de Icaza y Mónica Sánchez), con más oficio, obtuvieron declaraciones que harían a muchos sonrojarse:
Finalmente, aquí hay dos formas de ver un hecho. Una revista que hace favores, que colabora en una campaña de presión mediática contra un hombre público y que quema su nota más importante del año en frases como “Siempre es hermoso ver a los padres que ven por sus hijos, y Constanza tiene a los suyos, que la aman, Edith González y Santiago Creel Miranda”. Por otro lado, una publicación que no necesita de un documento del Registro Civil para llevarse una nota sobre las veleidades de la clase política y el medio artístico. El menosprecio histórico del “periodismo serio” por la prensa rosa tendrá que cambiar; la coexistencia y la colaboración a la larga producirán buenas cosas. Como siempre, al tiempo.
—El profundo interés de ambos por la pintura, la cultura, la poesía, el interés del uno por el otro… Durante nuestros encuentros amistosos, puramente amistosos —recalca—, hablábamos de Alfonso Reyes, me leía poesía española, y yo le leía a él. Veíamos películas, hablábamos de cine, y durante muchos meses realizamos incontables caminatas por el Desierto de los Leones. El tema de la ecología también le preocupa a Santiago.
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