Crónicas del país / Monte María: la fe diversa

Milenio 226, 21 de enero de 2002

Durante años fue refugio y recurso último de cientos de enfermos, pues en ella sucedían “prodigios” difíciles de explicar. Dedicada a Nuestra Señora de la Salud, ubicada en las cercanías de la ciudad de México, esta iglesia, considerada en un tiempo como la segunda comunidad católica más grande del país, experimentó el más radical y profundo de los cambios: feligresía y sacerdote dejaron el catolicismo, para constituirse en una comunidad aparte.

El anuncio llegó a las parroquias unos días después de los hechos. Firmado por el arzobispo de Tlalnepantla, Ricardo Guízar Díaz, el 10 de diciembre de 1996, los tres primeros párrafos del documento daban toda la explicación del cisma ocurrido en la comunidad:
Con sumo dolor tengo la pena de comunicar a la Comunidad Católica que el Pbro. Gilberto Gómez Velázquez, quien reside en esta Arquidiócesis y que estaba a cargo de la Capellanía de Nuestra Señora de la Salud, comúnmente conocida como Monte María, me ha manifestado su decisión libre, plena y consciente de abandonar la Fe Católica y el Ministerio Sacerdotal. Me veo en la penosa necesidad de declarar que, al apartarse de la Comunión de la Iglesia (…) dicho presbítero ha incurrido automáticamente en EXCOMUNIÓN(…) En consecuencia, de ahora en adelante, queda prohibido a todos los fieles acudir a Monte María o a cualquier otro sitio donde dicho presbítero participe o dirija reuniones de oración de sanación o de culto.
En términos del canon católico, el padre Gilberto Gómez estaba siendo expulsado por incurrir, lo menos, en faltas graves como la apostasía y la herejía. Su caso, sin embargo, no se trató estrictamente de una expulsión; por el contrario, fue resultado de una decisión personal del sacerdote. Y es que según el propio arzobispo, Ricardo Guízar, el paso dado por el conocido padre Gil fue el epílogo de un distanciamiento progresivo, anímico y doctrinal, de la Iglesia católica, que había comenzado años atrás.

No había una explicación suficiente para ello; Monte María había llegado a ser considerada la segunda comunidad católica más grande del país. Se trataba, más que de una iglesia, de un fenómeno religioso difícil de explicar, que llegaba a reunir las voluntades de hasta un millón de personas en un mismo sitio, para una asamblea de oración.
La carta de excomunión, en todo caso, constituyó la ruptura formal entre la jerarquía católica y el sacerdote, y el inicio a la etapa de transformación total de esta iglesia al norte de la ciudad de México.
La experiencia en Monte María podía y puede no ser muy diferente de la que ofrecen algunos grupos de oración en la capital y en el resto del país, congregaciones evangélicas de corte carismático que aseguran estar experimentando un avivamiento del Espíritu Santo entre sus miembros. Llama fuertemente la atención, sin embargo, la apelación al nombre de la Virgen en la denominación del lugar. Ahí, justamente, inicia la historia.

Nuestra Señora de la Salud o Monte María
El fenómeno prácticamente coincidió en tiempo con la visita a México, en 1979, del papa Juan Pablo II: una iglesia en la zona conurbada del DF, atendida por el padre Gilberto Gómez, estaba viendo realizados varios milagros durante sus reuniones de oración por los enfermos locales. Su primera reunión se había dado el 15 de mayo de 1979 y se trataba de una asamblea formada sólo por 17 personas. Los relatos llevados de aquí a allá por los asistentes, acercaron a cada vez más personas al lugar para que fueran sanadas. A los casi 20 asistentes, rápido se sumaron cientos. La pequeña comunidad de oración no precisaba de un templo como tal; su celebración tenía lugar cada domingo en un claro del cerro, donde se improvisaba un altar con el cáliz, la custodia y lo otros objetos de la liturgia.
La captación del padre Gil entre los estratos bajos era notable. No obstante, a pocos les entusiasmaba ver el crecimiento de pobres en los alrededores del vecindario y la parroquia local; el ministerio de pobres del padre no era bienvenido.
Pero poco importaba ya. De todos modos, era tiempo de moverse en búsqueda de un lugar más amplio para las reuniones. Y es que en sólo tres años, la comunidad había experimentado un crecimiento considerable en su número de participantes. El movimiento carismático católico ganaba terreno al catolicismo tradicional, modificando y flexibilizando el culto, volviéndolo mucho más abierto a la participación y a la expresión de la gente, despojando de rigidez a la liturgia. En cierto sentido Monte María fue, durante más de una década, vanguardia entre los grupos católicos carismáticos, con cantos multitudinarios y reuniones altamente emotivas en las que los participantes iban del baile a las lágrimas con discursos del padre Gilberto que apelaban fuertemente a las emociones.
Así fue que en 1982, dando tumbos por el monte y las cañadas de la zona, la comunidad se acercó hasta el tiradero de basura municipal que entonces daba servicio a Atizapán y Tlalnepantla, en el Estado de México.
La iglesia entera se trasladó a la zona del tiradero, el único lugar donde algunas personas podían sobrevivir gracias a la pepena de ropa y comida, y donde indudablemente crecería el ministerio de los pobres del padre Gil.
Siempre al aire libre, el grupo alzó su nueva casa en una ladera árida, donde las misas de sanación continuaron hasta mayo de 1983. El norte de la ciudad de México se convirtió, pues, en refugio de la esperanza última para miles de creyentes; en Monte María los cojos dejaban sus muletas, los sordos volvían a oír, y los ciegos recibían de nuevo la luz.
Así, por miles, los miembros de la comunidad llegaron en 1984 hasta una hondonada, en los límites de Atizapán y Nicolás Romero, que se convertiría a la postre en su casa actual. Poco a poco, el terreno fue limpiado, desbrozado, apisonado y preparado para erigir cuatro paredes de grandes ventanales para dejar circular el aire del verano, y un techo de lámina de dos aguas, con aislante, para no cocerse en los mediodías de ahogo. Se levantaba, pues, la iglesia de Nuestra Señora de la Salud.
En aquel entonces, el fenómeno en Monte María no sólo era compartido por los miles de creyentes que llevaban a sus parientes y amigos enfermos a la iglesia, sino también por religiosos que participaban con el padre Gil en su testificación dominical. La confianza en la oración por los enfermos se apuntalaba semana a semana con las manifestaciones, en apariencia sobrenaturales, desatadas en las oraciones masivas dirigidas por el sacerdote y en la imposición de manos de quienes lo asistían.
La pequeña iglesia fue desbordada rápido; las cuatro paredes con sus ventanales abiertos al mundo dejaron de contener a Gil, a sus fieles y a las imágenes del templo. Las reuniones dominicales tuvieron que realizarse en el despoblado, en el campo de tierra, fuera de la iglesia.
Así, la comunidad alcanzó Atlacomulco. En un lugar conocido como El Nogal, formado por miles de metros cuadrados, donados a la comunidad, Monte María experimentó encuentros sólo comparables con los masivos que desbordaban la Basílica de Guadalupe, durante las peregrinaciones anuales de la iglesia. Durante un solo fin de semana, las oraciones del padre Gil en El Nogal llegaron a tener más de un millón de participantes, que se trasladaban al lugar en caravanas de autobuses, desde los límites del Distrito Federal, apercibidos con cobijas, gabanes y cotorinas para pasar la noche a la intemperie y con el frío ahí junto.

El rompimiento con la Iglesia
Según cuenta el arzobispo de Tlalnepantla, el problema que desencadenó el cisma, nunca radicó en la existencia, en sí misma, de una comunidad que se reúne para orar y pedir sanación. Monte María se encuadraba dentro de los movimientos de sanación, reconocidos y conocidos por la Iglesia como “movimientos de renovación cristiana del Espíritu Santo”.
El problema que paulatinamente se suscitó en Monte María, asegura Ricardo Guízar, se debió a “la injerencia de protestantes que se acercaron al padre Gilberto Gómez y fueron atrayéndolo”. A raíz de ese hecho, asegura, “el padre se fue apartando de la verdad católica”.
De acuerdo con Jorge Erdely Graham, director académico del Centro de Investigaciones del Instituto Cristiano de México, el movimiento carismatico católico se agotó en México en cuanto a su capacidad de atracción y novedad a finales de los ochenta. Se necesitaba una renovación del atractivo. En ese contexto, el padre Gil traspasó las barreras denominacionales; pero su vinculación con movimientos carismáticos evangélicos venía de mucho tiempo atrás.
En particular, el padre Gil fue alcanzado por Víctor Richards, pastor del grupo Vino Nuevo, de Ciudad Juárez, Chihuahua, en donde líderes de Monte María probaron experiencias de avivamiento impresionantes. Al inicio de la década pasada, miembros de Vino Nuevo aseguraban estar experimentando el toque del Espíritu Santo mediante brotes de risa intensa e incontrolable de condición incluso curativa. Irresponsablemente, videos sobre estas manifestaciones fueron explotadas en televisión y usadas como arma religiosa contra las iglesias protestantes en México. La explicación del actual arzobispo de Tlalnepantla refiere que poco antes del desenlace, el padre Gilberto Gómez comenzó a mostrar “desviaciones doctrinales”, pues retiró las imágenes del templo y desterró del lugar todo vestigio relativo a la Virgen.
Guízar Díaz anota que tanto su predecesor como él dialogaron en varias ocasiones con el padre Gil y tres de sus colaboradores. Pese a que el diálogo entre el padre y sus superiores fue cordial y sereno, él ya no deseaba seguir en la Iglesia.
La fase crítica llegó en 1996. Tras exhortos y consideraciones, el sacerdote ratificó su decisión y presentó su renuncia como ministro.

El pastor Aurelio
Hoy, no hace falta más que pararse a la mitad de la avenida, en los límites de los municipios de Atizapán de Zaragoza y Nicolás Romero para encontrar el cercado de alambre que divide a esta comunidad del mundo.
Alrededor de la iglesia se ha establecido una colonia: Lomas de Monte María, en cuyas calles sobreviven pequeños altares de la Guadalupana, pintados con esmalte azul, adornados con flores y papel china, a espaldas de una vivienda en obra negra.
Oficialmente, este lugar hoy es todavía considerado como un asentamiento irregular; sin embargo, a él siguen llegando, cada domingo, personas por miles, provistas de bastimento suficiente y dispuestas a agotar el día bajo un sol de 27 grados.
Asentada en la pendiente de aquella hondonada, antes campo de tierra, tepetate y breñas, actualmente Monte María pone sus pies sobre un suelo de lajas de concreto, espacio en que se forman largas bancas de madera y hierro, dispuestas en un enorme abanico para unas cinco mil personas, con una pequeña plataforma de concreto al frente.
En ese espacio tiene lugar el culto de los domingos. Ya no hay necesidad de guarecerse de los remolinos de tierra que se alzaban y que lo dejaban a uno enharinado, con surcos abiertos por el sudor en la piel, prieta por el rayo del sol. El antiguo templo, hoy se ha partido para albergar las oficinas, una librería y un área para la escuela dominical.
El padre Gil se ha convertido en el pastor Aurelio Gómez. Ha cambiado la casulla por las mangas de camisa, una corbata y un saco que nunca se pone cuando ministra al calor de mediodía. Al final del culto, varias personas se acercan a hablar especialmente con él. Entre ellos están quienes, próximos a entrar a un quirófano, le piden orar por su salud, y otros que desesperados por no ver mejoría, echan mano de su recurso último: la intercesión ante Dios.
El hombre predica fuertemente contra la idolatría. “Yo antes era padrecito”, dice durante una de las reuniones, en la cual exhorta a los que le escuchan a dejar sus amuletos, sus estampitas y sus escapularios.
Uno se acerca a él en el estacionamiento cuando todo ha terminado, mientras sostiene una botella de “Agua Monte María”, que se vende en el lugar. Hace un par de preguntas. Enfrente está el pastor Aurelio, ya no el padre Gil. Él dice que los miles que están esa tarde ahí son sólo “una humilde comunidad que se reúne para orar”.
Dos pastores permanecen cerca del estrado. Algunas personas hacen una línea a unos pasos. Una a una reciben las oraciones de los ministros, quienes les imponen las manos para desatar el anticlímax y hacerlos caer sin voluntad, no logrando tenerse en pie. Esto, se interpreta, es el toque del espíritu Santo.
Según el investigador Jorge Erdely, el credo formal no sirve para evaluar a estos grupos. La apelación a las emociones y el carisma del líder juegan un papel significativo en el crecimiento y en las acciones de estas comunidades. El liderazgo del padre Gil, en este caso, no está a discusión.
Esta iglesia dejó de ser reducto del culto mariano, sus miembros no realizan más peregrinaciones a la Basílica de Guadalupe ni se santiguan al empezar las reuniones. Hace años, muchos de ellos exhibían en la entrada de su casa un cromo de la imagen de la Virgen de Guadalupe, acompañado de un letrero: “Este hogar es católico, no aceptamos propaganda protestante ni de otras sectas”. Hoy cada uno lleva una Biblia Reina-Valera bajo el brazo y hablan del evangelio a todo el extranjero que llega hasta Monte María.
La línea de personas en las celebraciones en El Nogal parecen no terminar. Un grupo de predicadores atiende a miles de personas desde cerca del mediodía del sábado, hasta muy tarde, la tarde del domingo. No hay respiro, excepto para comer. La gente pide al pastor Aurelio oración para sí misma, para familiares o amigos. El último reducto es este pedazo de esperanza.

About these ads

12 thoughts on “Crónicas del país / Monte María: la fe diversa

  1. me intriga el comentario de minerva guerrero . . . dice: ” ahora creo todo lo que ahí se vive es producto del . . . .innombrable . . Virgen Santa! . . . a Ave María Puríssima!!! pues que viste Minerva!!!???

  2. QUE LASTIMA ENTERARSE DE ESTO, QUE GRAN DECEPCIÓN QUE EL PADRE GIL GÓMEZ SABIENDO LA VERDADERA ENTREGA DE MARÍA SANTÍSIMA LA HAYA ECHO A UN LADO YO. FUI CUANDO ERA IGLESIA CATÓLICA ERA HERMOSO AHORA CREO TODO LO QUE AHÍ SE VIVE ES PRODUCTO DEL DEMONIO LASTIMA… QUE DIOS LO BENDIGA

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Crea un blog o un sitio web gratuitos con WordPress.com.
El tema Esquire.

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

%d personas les gusta esto: