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Archivado en: Radio, Ética periodística | Etiquetas: Carlos Salinas de Gortari, Carmen Aristegui, Diana Isabel Pando, grabación, Luis Téllez, MVS, partida secreta, Purificación Carpinteyro, SCT
Caso curioso. La mañana de hoy en la emisión matutina de Noticias MVS, a cargo de Carmen Aristegui fue dada a conocer una conversación informal entre el secretario Téllez y algunos amigos, grabada en el buzón de un celular, en la que afirma que el ex presidente Carlos Salinas de Gortari se había “robado” la mitad de la partida secreta a la que tenía acceso como jefe del estado mexicano.
Diana Isabel Pando, quien entregó la grabación a Aristegui y su equipo, hizo públicos también correos electrónicos en los que Téllez le pide y ella se niega a borrar los 16 minutos registrados en el buzón del teléfono, y aseguró haberse puesto en contacto con Salinas, en el reino Unido, para darle a conocer el material que tenía en su poder.
Más allá de la discusión baladí sobre la partida secreta del presidente —retomada por Reporte Índigo—, el punto era mostrar al titular de la SCT como un desleal a Salinas de Gortari y a su esposa Ana Paula Gerard, quien lo introdujo en el círculo cercano del primero.
Llama la atención que en los minutos dedicados al asunto, la periodista nunca preguntara a Pando si conocía o había tenido contacto reciente con Purificación Carpinteyro ni aludiera nunca a las supuestas intenciones golpistas de la funcionaria; mucho menos se explica que haya quedado en el aire la pregunta de por qué hasta ahora, por qué no antes. Carmen también debe una explicación.
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Archivado en: Temas de actualidad, Ética periodística | Etiquetas: Alfredo Jalife-Rahme, Antisemitismo, Arnoldo Kraus, Desplegado, La Jornada
Con el apoyo y las firmas de 500 de mexicanos, el pasado 19 de diciembre fue pagado en el diario La Jornada un desplegado que llama la atención sobre un texto de Alfredo Jalife-Rahme en el que se insinúa que los recientes ataques terroristas en Bombay dirigidos contra civiles en la estación central, un hospital y dos hoteles de lujo fueron obra de “la banca israelí-anglosajona” con el fin de repatriar los capitales a Estados Unidos y revaluar artificialmente el dólar.
Claramente y sin ambigüedades, se explica cómo Jalife ha usado por años su columna para hacer generalizaciones insidiosas contra personas cuyo “pecado” es su origen o su identidad judía y se traza un paralelo entre sus artículos y los libelos usados en el siglo XIX que acusaban al pueblo judío de planear el control del mundo a través de todo tipo de acciones criminales.
Al colaborador de La Jornada le han salido de inmediato defensores que ya señalan a “un grupo de la comunidad judía” como culpables de intentar perpetrar un acto inhibitorio de la libertad de expresión. Lo cierto es que el autor, como ya se ha señalado en otras ocasiones acerca de su prosa furiosa, relaciona todo mal, injusticia e iniquidad con el pueblo judío, aunque para no parecer un absoluto canalla emplea “sutilezas” como usar israelí como torpe sinónimo de judío (lo que lo lleva a catalogar como israelí a quien no lo es) o referirse a sus interlocutores de ese origen con sus dos apellidos —aunque ellos firmen con sólo uno— como una forma rara de reduplicar su efecto sobre el lector.
Nadie exige que Jalife abandone la tinta con la que alimenta sus conspiraciones —aunque no estaría mal recordar que La Jornada ha echado, por razones menos claras, a colaboradores que como dice Arnoldo Kraus sí tenían la ética como motor fundamental de su escritura—. Se trata de evidenciar que ante un caso de secuestro, tortura y asesinato de víctimas, las líneas de Jalife-Rahme (por sus dos apellidos) no son más que la medida de su odio asesino.
No es, como creen los lectores de ese periódico, una avanzada judía contra un crítico que brega a contracorriente. Además de Enrique Krauze, Sara Sefchovich, Jorge Castañeda o el mencionado Arnoldo Kraus, entre los 500 firmantes se encuentran escritores, artistas, científicos, defensores de derechos humanos y académicos como Juan Villoro, José Emilio Pacheco, René Drucker Colín, Carlos Monsiváis, Marta Lamas, Héctor Aguilar Camín, Roberto Blancarte o Javier Garciadiego, entre otros.
Se trata de exhibir a un sujeto que usa la pluma para animar odios y que además es profesor universitario, que se pone en evidencia al escribir con toda seriedad y a manera de gran revelación que “el mayor estafador del mundo, el banquero israelí” (mentira, es estadounidense) Bernard Madoff manejaba los fondos del Mossad israelí y ofrecer como fuente una publicación humorística que al final de la nota advierte en letras rojas: “La historia precedente es una sátira o una parodia. Es totalmente ficticia”.
A esas 500 voces contra el encono homicida, agazapado en la prosa abigarrada de Jalife-Rahme, sumo la mía.
Para leer más: Contra la judeofobia/ Miguel Ángel Granados Chapa
Archivado en: Televisión, Ética periodística | Etiquetas: Santiago Creel, Televisa
La división de Noticias de Televisa a cargo de Leopoldo Gómez asegura que la anulación evidente del senador panista es “un error de edición” y afirma que ya se han tomado las medidas pertinentes para que no se repita este tipo de “errores” que —continúa el propio Gómez— “comprometen nuestros propios criterios informativos”.
En lo absoluto. Monitoreos de la Cámara de Senadores revelan que después de la aprobación de la reforma constitucional en materia electoral el pasado septiembre, los criterios informativos de Televisa y TV Azteca se modificaron traduciéndose en una baja cualitativa y cuantitativa de la información relacionada con el Senado. De tal manera, Televisa sólo estaría siendo congruente en su aplicación de castigos selectivos, al negarle pantalla a quienes considera sus enemigos.
El incidente no mereció esta vez una de las reacciones indignadas de Joaquín López Dóriga, quien ha admitido que ya no tiene tiempo para Creel (pero que sí lo tenía cuando era secretario de Gobernación); entanto que para Ciro Gómez Leyva (quien ahora comparte espacio en Televisa con Leopoldo Gómez y López Dóriga) el caso parece haber quedado en una mera anécdota en la que la televisora es incluso digna de encomio por su humildad para corregir.
Detrás del silencio de periodistas y del “error” de Televisa —si no era a Creel, entonces seguramente querían borrar a alguien más— está la revancha contra quienes impulsaron y aprobaron los cambios en materia electoral que limitan a los partidos y prohíben a particulares contratar spots en televisoras, con una pérdida valorada en más de 3 mil millones de pesos en utilidades para los concesionarios de radio y televisión.
Hemos visto a las televisoras asegurar que la libertad de expresión peligra —Tv Azteca lo repite a diario, aunque a diez meses de aprobada la legislación no puedan aportar un solo elemento de que los mexicanos vivamos esa regresión al totalitarismo—, pero como bien advertía ayer Gabriel Sosa, son estas prácticas y no la imposibilidad de comprar spots durante campañas electorales, lo que pone en riesgo la libertad de expresión y lo que trastoca nuestro derecho a la información.




