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Letras Libres, al mínimo

Lo publicó Eje Central hace casi dos meses: Letras Libres, la revista que dirige Enrique Krauze habría perdido al menos una parte del importantísimo respaldo económico que le daba Cemex, la empresa de Lorenzo Zambrano que, para librar la crisis, se vio obligada a reducir y eliminar apoyos en áreas no estratégicas. Aunque la nota sólo destacaba su efecto en las operaciones de la revista en España, el daño fue mayor de lo que parece.
Ese mismo mes, Krauze decidió prácticamente cancelar el proyecto en red conocido como Lupa Ciudadana, nacido como una suerte de observatorio electoral del proceso de 2006 y que en febrero de 2007 fue relanzado como un instrumento de vigilancia de las dependencias del gobierno federal, así como del Poder Legislativo.
Pese a haber invertido recursos en un nuevo rediseño de cara a la elección intermedia de este 2009, lo que implicó la adición de nuevos elementos multimedia e incluso un convenio de colaboración con la agrupación México SOS, de Alejandro Martí, en agosto, la empresa decidió prescindir de la totalidad del equipo de Lupa Ciudadana, menos una persona, con lo que el proyecto agoniza con un mínimo de presupuesto.
A todo esto vino a sumarse la decisión del gobierno federal (hecha pública por Etcétera) de suspender a partir de octubre el gasto publicitario de las dependencias públicas en todas las revistas del país para privilegiar la promoción de las tareas del gobierno en medios electrónicos. Un trabajo de Jorge Carrasco Araizaga, publicado por Proceso, reportaba que en septiembre, Letras Libres tenía en sus páginas publicidad del Infonavit, Compañía de Luz y Fuerza del Centro, Conaculta, Conacyt, Fondo de Cultura Económica, Inmujeres, Pemex, Diconsa, Secretaría de Turismo, Segob y el IPN, por lo que se anticipaba una fuerte caída en sus ingresos por esta vía.


Lydia Cacho, impunidad para escribir pendejadas

La mal llamada izquierda mexicana es responsable del endiosamiento de periodistas que difícilmente se caracterizan por el equilibrio de sus investigaciones o por una actuación ética a toda prueba; la celebridad está determinada por los trabajos de coyuntura que atienden a un interés de hacer ver mal a la autoridad en turno y que a la vez cumplen una función catártica al permitir el linchamiento retórico de personajes sobre los que pesa la animadversión popular. Infortunadamente, más periodistas hoy han comenzado a tomar el ejemplo en busca de fama súbita que les gane el título de expertos o autoridades en determinada materia, con la conciencia plena de que aparejado a la revelación de veleidades de los poderosos y las zonas oscuras de la administración pública (por supuesto no hablamos de análisis exhaustivos, trabajos de prospectiva o de consulta histórica) vienen los premios y el endiosamiento aun de parte de otros periodistas.
A raíz de la publicación del libro Los demonios del Edén, la detención arbitraria de la escritora Lydia Cacho en diciembre de 2005 y los hechos posteriores que mostraron la operación de un gobierno estatal para escarmentar a la autora como un favor personal a un particular, el gremio colocó a Cacho en un pedestal de valiente mártir, la llenó de reconocimientos y le concedió credibilidad absoluta y vitalicia en sus acciones y palabras, de modo que hoy cualquier crítica a la periodista es traducida de inmediato como una agresión a las mujeres o a las causas que representa.
Hoy arropada por la dirección del diario más importante del país, Cacho tiene impunidad declarativa; los medios le han otorgado el poder de juzgar el mal y el bien, lo justo, lo verdadero. Es Lydia Cacho, intocable, incuestionable, miembro distinguido de la selecta lista de lo que esa izquierda ridícula juzga como “periodistas valientes”, como si el resto de reporteros, editores, correctores de estilo y redactores fuéramos todos unos cobardes vendidos.
Hoy, el querido Ernesto Diezmartínez abrió en su blog una discusión acerca del proyecto de filmar en México una cinta basada en basada en Memoria de mis putas tristes, de Gabriel García Márquez, hecho del que se desprende un texto publicado hoy en El Universal por Lydia Cacho. En él, la autora se escandaliza por que una obra literaria sobre un viejo de 91 años que paga para desflorar una niña virgen en su cumpleaños, sea llevada a la pantalla, pues su entendimiento la lleva a juzgarla como una “apología fílmica de la trata de menores”.
Cacho remata su idea con una línea indigna, de un tufo ignorante y clasista: “La novela tiene un público limitado, la película en cambio terminará en televisión y será masiva”. Lo que parece decir aquí la escritora es que como la lectura es sólo accesible para “nosotros los intelectuales”, capaces de distinguir la ficción de la realidad, y la chusma no lee, no hay peligro; en cambio, llevar una historia de estas a la televisón equivale a promover el abuso sexual en cadena nacional. Claro, la chusma es incapaz de discriminar entre lo bueno y lo malo.
Bajo esa óptica, puede esperarse que la “valiente periodista” exija en el futuro erradicar del cine y TV toda referencia sobre amor entre personas del mismo sexo. Esos jodidos ignorantes que no leen y a quienes tenemos el deber de guiar como sus superiores intelectuales pueden terminar convirtiéndose todos en homosexuales y lesbianas.
Hay que decirlo con todas sus letras; en aras de conservar su imagen de periodista preocupada por cosas importantes, Lydia Cacho es capaz de escribir las peores pendejadas. Es bochornoso. Aunque claro, está blindada a las críticas.


El Universal pone a sus empleados contra la pared
31,Agosto 2009, 8:00 pm
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“¿Cuánto gana usted, señor abogado?”, preguntó el pasado martes uno de los integrantes de la redacción de El Universal al jefe del equipo jurídico de la empresa, mientras éste leía a los empleados la decisión del diario de cancelar la entrega de utilidades garantizadas. Esto es, el equivalente a dos meses de sueldo que el personal recibía cada diciembre como complemento de las utilidades que por ley deberían repartirse en mayo y que permitía a una mayoría de empleados superar temporalmente las privaciones originadas por los sueldos insuficientes que perciben el resto del año.
Ante la disminución en sus ventas del 10.1% durante el primer semestre del año en relación con el mismo periodo de 2008, la caída en los ingresos publicitarios y el incremento en los gastos de operación, la empresa no ha dejado opción a sus trabajadores y apenas les ha concedido una semana para pensar en la pertinencia de firmar el documento (primero denominado “acuerdo” y más tarde “aviso”) en el que renuncian a su derecho.
Las distintas áreas del periódico fueron convocadas desde el viernes 21 a reuniones separadas que se realizaron entre el 24 y 25 de agosto en el salón Palavicini del edificio de Bucareli 8 (donde Juan Francisco Ealy Ortiz realiza sus actos de lucimiento personal y ofrece comidas a políticos y empresarios) y que estuvieron encabezadas por el director del rotativo, Jorge Zepeda Patterson; el coordinador de Relaciones Industriales de la empresa, Ildefonso Fernández Guevara, y el jefe del Jurídico.
El clima de molestia generalizado en El Universal ha venido alimentándose de la percepción de que los trabajadores son los únicos que pagan la crisis en que se encuentra sumida el diario, mientras que los ejecutivos no parecen están dispuestos a sacrificar privilegios. Además de los numerosos despidos, los empleados perdieron en el último año y medio el servicio de comedor económico y tuvieron que someterse a un nuevo código de vestimenta dentro de las instalaciones, cuyo incumplimiento se refleja en sanciones y descuentos económicos.
La empresa atraviesa uno de sus peores momentos; sin embargo, empeña millones en un invisible proyecto televisivo llamado Efekto TV, que transmite desde abril en el canal 125 de Cablevisión, sin que el diario reconozca su paternidad. Su única “estrella”, el columnista Salvador García Soto, abandonó el barco a las pocas semanas de haber iniciado el noticiario De buenas a primeras para irse a trabajar a otra empresa.
Por lo pronto, ante la negativa de editores, reporteros, fotógrafos y diseñadores a firmar el “acuerdo” elaborado por la administración del diario, Zepeda Patterson ha dejado entrever que la empresa podría verse obligada a tomar otras medidas. Al tiempo.


Emeequis y la leche con caca
A inicios de junio, el diario Imagen de Zacatecas denunció por varios medios lo que parecía ser un castigo a su línea editorial por parte del gobierno de Amalia García. Lejos de iniciar un debate de mayor dimensión sobre la asignación inequitativa, arbitraria y poco transparente de publicidad por parte del Estado, la familia Mercado, propietaria del diario, prefirió reducir la cuestión al indigno reclamo de su parte del pastel, dejando claro que 25 por ciento de sus ingresos y la salud de sus finanzas proceden de la publicidad estatal.
Más que garantista, el que el fundador de Imagen, Luis Enrique Mercado, fuera además candidato del PAN a una diputación federal por Zacatecas, hizo que el conflicto se tornara político, vulgar.
La revista Emeequis entró al mismo juego interesado de auditar los pasos de la actual administración. Previo conocimiento de la familia Batres, se lanzó una campaña de denuncia de las veleidades de Amalia García y su hija, la senadora perredista Claudia Corichi García.
Un reportaje irreprochable, publicado en su edición 176 y firmado por Humberto Padgett, revela cómo un grupo de constructores que remodeló sin costo alguno la casa que hoy habitan la gobernadora y su hija, y los cuales habrían gastado 10 millones de pesos en la obra, posteriormente recibieron contratos de obra pública por cerca de 900 millones de pesos. En el texto queda claro que cerrar la llave de los recursos estatales a los medios que no se portan bien, como Imagen, es política corriente en la casa de Gobierno.
Sin embargo, Emeequis parece mirar sólo en la dirección que una de las pandillas del PRD parece indicarle. Algunos ahí dentro han dejado de hacerle gestos a la leche con caca (otros la beben desde hace años) para hacerse amigos del repugnante lechero que hoy pide a los servicios de salud mirar lo mal que se hace el queso en Zacatecas, mientras prefieren ignorar, por ejemplo, los montos económicos que la Secretaría de Desarrollo Social del Distrito Federal (a cargo de ya saben quien) destina a “medios amigables” a través de algunos de sus programas.
Lo malo de esto es el olor que se percibe desde fuera.


Fracasa el modelo de negocio de El Periódico

Ramón Alfonso Sallard, director de El Periódico, escribía al inicio de su aventura editorial que no hay proyecto periodístico que dure, si detrás de él no existe un sólido proyecto empresarial. La gran oferta de la nueva publicación consistía en una circulación auditada de un millón de ejemplares semanales gratuitos en la zona metropolitana del Distrito Federal, 5 millones de impactos, además de información y publicidad diferenciada para los cuatro diferentes puntos geográficos de la ciudad.
Sin contar los tres números de prueba editados antes de su salida oficial a las calles, El Periódico desapareció como semario después de 14 ediciones y fue relanzado como diario, el 6 de julio, ya con un costo por ejemplar de dos pesos, en una decisión que el director le endosó a los lectores.
Los cambios más recientes incluyeron la designación de Daniela Pastrana como directora editorial, y la suma de colaboradores como Federico Arreola, quien hoy todavía intenta de darle “sentido comercial” al botadero de resentimiento conocido como El Sendero del Peje.
Notablemente propenso a citar para proyectar una mejor imagen de sí mismo, Sallard usa a Albert Einstein para convencer de que la crisis que atraviesa su proyecto es una bendición. El modelo de negocio de la nueva empresa —hay que decirlo así de simple— no funcionó; la amplia circulación de El Periódico no logró convencer a sus potenciales anunciantes y no se entiende a cuenta de qué la gente querría pagar por una publicación afín a facciones perredistas.
En Zacatecas por ejemplo, es clara la cercanía con la gobernadora Amalia García y la intención de aislar a Ricardo Monreal, quien ya interpuso una denuncia por difamación y calumnia contra la publicación, que apenas en junio calificó al grupo cercano al hoy senador como “cártel”. La viabilidad económica de El Periódico parece estar hoy más que nunca ligada a los grupos a los que sirve.
Insidias de a dos pesos, disfrazadas de periodismo libre.


Publirreportajes y portadas a la venta
La promoción política bajo la forma de (antes indistinguibles) notas pagadas no exhibe, como se piensa, el fracaso de la reforma electoral de 2007 que buscaba cerrar el paso al uso de dinero público para financiar proyectos políticos que terminan volviéndose negocios personales y familiares. Evidencia, en todo caso, la nula ética de los dueños de medios que de tanto en tanto llenan páginas de textos indignados ante el abuso de poder o se jactan de poner al descubierto actos de corrupción.
Los publirreportajes del Partido Verde Ecologista de México insertados recientemente en las páginas de TV y Novelas como parte de un paquete que incluyó cientos de spots disfrazados de publicidad de la revista, se replicaron de manera aún más lamentable en algunos semanarios políticos de baja lectura que accedieron a venderle a ese mismo partido su portada y más aún, a convertirse en cómplices de la compra ilegal de propaganda política por parte de ese instituto, disfrazada de oferta periodística.
No extraña que Vértigo lo haga, considerando que para el Grupo Salinas la revista no es más que un instrumento para amplificar diatribas, hacer relaciones públicas con lo gobiernos estatales y federal, cobros de facturas o el impulso interesado de algunos temas. Sus ventas efectivas son hasta 25 veces menores a las de revistas como Proceso, pero en este caso entra en juego otro factor: Ninfa Salinas Sada, hija del dueño de Tv Azteca, encabeza la lista de plurinominales del PVEM en la Cuarta Circunscripción.
Cambio, la aventura editorial de 2001 que buscaba ser extensión de aquella revista de Gabriel García Márquez y Roberto Pombo, murió prematuramente para reencarnar en un ser inferior, en manos del Grupo MAC, como abierta practicante de un periodismo gacetillero. En su número 363, del 12 de abril de 2009, la publicación no sólo sirvió de vitrina del talento como estadista del presidente de Nueva Alianza, Jorge Kahwagi, sino que convirtió a ese partido, en una sola línea, en la cuarta fuerza política del país (ver imagen).
Curiosamente, luego de que el Partido Verde abrió la cartera, en su más reciente edición del 28 de junio, el análisis político de Cambio no sólo ya no se acuerda de Nueva Alianza, sino que prácticamente ve al PVEM convertido en tercera fuerza. Claro, todo esto destacado en portada.
La sospecha sobre una posible venta de publirreportajes queda reforzada de la transmisión atípica de un spot televisivo supuestamente pagado por el semanario, en el que se escucha: “El Partido Verde podría desbancar al PRD de la tercera fuerza nacional. ¿Qué fue? ¿La pena de muerte a secuestradores o la propuesta del Verde de que si el gobierno no te da las medicinas o la educación que te mereces que te los pague? Los bonos de educación y los vales para medicinas ya son una realidad en países como Chile y Argentina”.
Cuánto tardará para que ese periodismo en renta se desgarre las vestiduras dedicando alguna portada al despilfarro de los partidos en las campañas o censuren el uso de los partidos como negocio. veremos.


Otros medios ayudan al PVEM a violar la ley

Como parte de la venta de espacios publicitarios a partidos políticos realizada fuera de la ley, el Partido Verde Ecologista de México (PVEM) logró colocar en la revista Tv y Novelas una entrevista con el actor Raúl Araiza —quien junto con la cantante (?) actriz (?) Maite Perroni es la imagen de los spots electorales del partido de la familia González— en la que explica por qué apoya las propuestas del bono educativo, el vale para medicinas y la pena de muerte para secuestradores y asesinos.
El paquete publicitario, hábilmente construido para burlar las restricciones en la ley electoral, que prohíben a los partidos contratar pautas publicitarias en radio y televisión, le ha permitido también al Verde hacer una campaña desleal e insertar numerosos spots adicionales a los que coloca cada hora el IFE disfrazados como anuncio de revista. De tal manera, en las frecuencias de Televisa, pueden verse varias veces cada hora —ya no de manera aislada— los supuestos anuncios comerciales de Tv y Novelas en los que únicamente se destacan las convicciones políticas de Araiza como la oferta más interesante de estas dos semanas.
Aun cuando el partido afirma que Maite Perroni y Raúl Araiza en ningún momento han sido contratados por este instituto político, sino que se éstos acercaron por convicción, y luego de que el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación abrió la puerta a la publicidad difrazada de ese mismo partido, en los hechos podrían estarse configurando delitos electorales que la autoridad tendría obligación de atender, así como una posible evasión fiscal de los entusiastas actores que tan activamente promueven el voto verde.