Mario Villanueva, su huída

Milenio 183, 19 de marzo de 2001
A la medianoche del 4 de abril de 1999, horas antes de que Joaquín Hendricks Díaz tomará posesión de la administración, el aún gobernador de Quintana Roo, Mario Villanueva Madrid, salió del país con 28 acusaciones a cuestas que lo involucraban con el narco y el lavado de dinero, y que acreditaban su especial cercanía con Ramón Alcides Magaña El Metro, operador del cártel de Juárez. De nada sirvió el cerco de las autoridades que intentó pararlo en la península, toda vez que la salida de El Chueco Villanueva se habría dado desde la ciudad de México.
Según versiones, un avión Lear Jet 28, matrícula XC-HIE, despegó del aeropuerto de la ciudad de México, específicamente en el hangar propiedad de la Secretaría de Gobernación, entonces a cargo del sinaloense Francisco Labastida Ochoa, llevando a Villanueva Madrid con rumbo a Panamá, en donde, según un informe del Centro de Información y Seguridad Nacional (Cisen), es copropietario de la Empresa Agrícola Ganadera, que tiene como socio principal a Felipe Alejandro Virzi, quien fuera segundo vicepresidente de ese país, durante el mandato de Ernesto Pérez Balladares. Fuentes de la Procuraduría General de la República (PGR) confirmaron a Milenio Semanal la existencia de esa empresa, la cual no pudo ser investigada a profundidad por falta de colaboración de las autoridades panameñas.
El avión fue tripulado por los capitanes Alfredo del Valle y Alberto Ferrer, jefe y subjefe de transportes aéreos del hangar de la Secretaría de Gobernación. Ambos han sido relevados por el general de división, piloto aviador, Carlos Mendívil, ex piloto del presidente José López Portillo.
Pero un nuevo personaje se agregaría a la red de complicidades tejida para lograr la evasión de El Chueco Villanueva, y cuyo primer eslabón habría sido el gobernador de Yucatán, Víctor Cervera. Según personal de ese hangar, el vuelo fue ordenado por el comisionado adjunto de la Policía Federal Preventiva, Wilfrido Robledo Madrid, quien había recibido el puesto, cuatro días antes, de manos de Labastida Ochoa y quien hasta antes de ocupar la nueva posición adjunta al comisionado de la PFP, Omar Fayad Meneses, se había desempeñado como director de Servicios Técnicos y de Protección del Cisen.
Contraalmirante de la Armada de México y primo hermano de Villanueva Madrid, Wilfrido Robledo Madrid tenía control absoluto, desde el Cisen y luego desde la PFP, del equipo aéreo de la dependencia, poder que iba más allá del que ejercía el propio comisionado de la Federal Preventiva. Ya durante su gestión, ordenó construir cinco celdas con seguros electrónicos en el hangar de la Secretaría de Gobernación.
Funcionario del Cisen hasta el 31 de marzo de ese año, cuando fue designado para el nuevo puesto, Robledo se había desempeñado como responsable de Seguridad Pública durante el gobierno priista de Enrique González Pedrero, en Tabasco, donde estableció fuertes lazos amistosos con el actual jefe de Gobierno del DF, Andrés Manuel López Obrador. Desde esos años, la prensa del sureste vinculaba a Wilfrido Robledo Madrid con los cárteles de la droga que utilizaban territorio fronterizo para bajar cargamentos de droga proveniente de Colombia y Sudamérica.
Asimismo, a su paso por el gobierno de Tabasco y como encargado de la policía aumentó la vinculación de los miembros de los cuerpos policiacos con las actividades del narcotráfico, y de hecho popularizó el uso de drogas como cocaína en la tierra del pejelagarto.
Consumada la fuga, muchos comenzaron a repasar cómo, todavía en marzo de 1999, se le miraba exultante. Sentado a la mesa con una centena de amigos y colaboradores, en su rancho El Mostrenco, el gobernador de Quintana Roo, Mario Villanueva Madrid, recibía palmadas de quienes con él festejaban su cumpleaños y sus bromas: “Espero que así como me visitan aquí, en mi casa, vayan a verme a Almoloya”.
Presente la mayoría de los miembros de su gabinete, líderes locales y algunos dirigentes de la oposición, Villanueva aseguraba que las acusaciones del Ministerio Público Federal en su contra no eran más que la respuesta a su posición durante una reunión en Los Pinos con el presidente Ernesto Zedillo, la cual explicó así: “He propuesto, desde hace algún tiempo, que se abra el partido, que se democratice la designación de su dirigencia. Estoy hablando no de permitir la impunidad, pero sí de aprovechar a los cuadros políticos regionales para fortalecer al partido. Por eso he propuesto y pugnado porque la oposición no nos gane en tiempos. Creo que esto ha incomodado a muchos políticos del centro, especialmente a los de muy arriba”.
Y entonces rompió: “Yo no voy a esperar al 5 de abril, a que tome protesta Joaquín (Hendricks), y saliendo, venga la PGR, me detenga y me lleve a Almoloya. No voy a ser el chivo expiatorio de la descomposición del sistema político; no me voy a quedar con las manos cruzadas. Voy a hablar”.
En octubre de 1998, tres semanas después de que Joaquín Hendricks recibiera la designación como candidato priista a la gubernatura de Quintana Roo, información publicada por The New York Times, la cual citaba a presuntas fuentes de la Procuraduría General de la República, daba a conocer una investigación a Mario Villanueva Madrid como parte de una operación antidrogas en la península.
—¿Es usted narco? —le preguntó al gobernador un reportero de La Jornada.
—A mí no me espanta esto —respondería Villanueva—. ¡Soy gente de carácter! Quizá decir mi verdad es uno de mis problemas. No me preocupa que digan que soy narcotraficante, soy gente seria.
En 1999, ya en su sexto informe de gobierno, Villanueva advertía una venganza en las acusaciones sobre su vinculación en delitos contra la salud. La persecución en su contra —dijo en los minutos dedicados a su mensaje político— era iniciativa del poder político del país, quien lo tenía en sus manos.
Apenas terminó la lectura de su informe, Villanueva abordaría un avión que lo llevó a los dominios de su amigo, el gobernador Víctor Cervera Pacheco. El todavía gobernador de Quintana Roo sabía que estaba por girarse orden de aprehensión en su contra. Conocía incluso las averiguaciones previas, pues había sobornado a algunas autoridades para allegarse la información. Las primeras pesquisas de la PGR irían sobre la Unidad Especializada contra la Delincuencia Organizada, específicamente sobre Cuauhtémoc Herrera Suástegui, víctima de un atentado el 23 de marzo del año pasado.
Según el fiscal antidrogas, Mariano Herrán Salvatti, Herrera Suástegui no sólo se encontraba bajo investigación por presuntas “filtraciones” de información judicial protegida por ley, sino por el presunto otorgamiento de “protección institucional” a una célula del cártel de Juárez, comandada por Ramón Alcides Magaña El Metro, también ligado con Mario Villanueva.

Hasta el final, el ex gobernador se dijo víctima de “un linchamiento de mala fe, sin pruebas; de una campaña de difamación, de calumnias y de desprestigio”. Y advertía: “Voy a enfrentar a las autoridades judiciales y ahí voy a aclarar y a limpiar mi imagen de cualquier imputación que se me haga”.
Sin embargo, el ahora prófugo no se presentaría a ninguno de cuatro citatorios que le fueron girados por la Fiscalía Especializada para la Atención a Delitos contra la Salud, para presentar su defensa a 28 acusaciones por narcotráfico, protección de narcotraficantes, consumo de cocaína y lavado de dinero.
El Chueco Villanueva desaparecería siete días antes de entregar la administración, por lo que no estaría presente en la ceremonia de cambio de poderes del 5 de abril, fecha en que también terminaba la protección que le otorgaba su fuero como gobernador. Esa misma mañana, 32 elementos de la PGR, al mando de Mariano Herrán Salvatti, llegarían a Chetumal para poner en marcha un operativo con el objetivo de localizar al ex gobernador.
De inmediato las versiones sobre su paradero comenzaron a ubicarlo en Panamá, país a donde habría huido, protegido por el director de la Judicial estatal, Agustín Bello Hernández, y donde el mandatario es propietario de un rancho y una empresa exportadora de frutas y ganado, según versión de Manuel Salinas, ex subdirector de la corporación, quien colaboró como informante de la Procuraduría, tras ser ubicado como el correo entre el cártel de Juárez y los funcionarios del gobierno estatal.
Pero el aún gobernador no partiría solo, sino que lo harían también su cuñado José Luis Alamilla; su ex jefe de ayudantes, Abraham Oliva, y el ya mencionado Agustín Bello, de quien se afirma que el 3 de abril fue el artífice del robo del armamento adscrito a los agentes de la Procuraduría estatal, para cubrir la huida de Mario Villanueva. Ese hecho daría pie a que el rancho El Mostrenco, propiedad del ex gobernador, fuera cateado en busca de los rifles AK-47 y R-15 sustraídos.
Luego, mediante un video grabado el día de la huida, El Chueco Villanueva explicaría que su escapatoria se había dado en seguida de su viaje de Chetumal a Toluca y de esa ciudad a Mérida, Yucatán, donde ”me le perdí a un grupo de agentes federales que me seguían”.
Los últimos días de abril, el procurador Jorge Madrazo Cuéllar confirmaría la versión de la reunión en Mérida entre Villanueva y Víctor Cervera Pacheco, luego de la cual el primero habría utilizado a elementos de Seguridad Pública y la Policía Judicial de Quintana Roo, además de su escolta personal, aviones y vehículos oficiales para huir del cerco de la PGR.
No obstante, Cervera, quien hoy mantiene su desacato al Tribunal Federal Electoral, encontraría el recoveco legal que lo eximiría de cualquier responsabilidad: Mario Villanueva no tenía una orden de aprehensión en su contra, no era un prófugo, gozaba de fuero constitucional que no llegaría a su fin, sino hasta la media noche del 4 de abril. De manera que quien hubiese podido brindarle ayuda para esconderse, en todo caso, no habría incurrido en el delito de encubrimiento, porque éste no se daría, sino hasta que la orden de aprehensión se expidió, el 5 de abril.
Pero en realidad, desde los primeros días de su desaparición, versiones extraoficiales ya apuntaban a Yucatán como refugio natural del ex gobernador, dada la amistad estrecha que desde hace varios años sostiene con Cervera, hoy acusado de desacato y enfrentado con el gobierno federal. Si en un principio se llamaba la atención acerca de su probable presencia en Chicxulub, municipio de Puerto Progreso, más tarde los efectivos de la FEADS ampliaron su área de rastreo a la zona oriental de la entidad, principalmente en la ciudad de Tizimín, donde se sabe que Villanueva Madrid tiene amigos, parientes y propiedades, e incluso mantuvieron vigilados los accesos al rancho Chen Pato, propiedad de Cervera Pacheco.
En junio de 1999 el fiscal Mariano Herrán Salvatti, confiaba en que la Procuraduría estaba “a punto de echarle el guante” a Mario Villanueva. Su seguridad lo llevaría a asegurar que el ex gobernador de Quintana Roo aún estaba en el país.
Sin embargo, para febrero del año pasado las oficinas de la Interpol en Panamá y Belice recibían una petición de las autoridades mexicanas para intensificar las investigaciones en torno a la probable presencia en su territorio de Villanueva Madrid. Según fuentes cercanas a la investigación, los elementos para empezar a considerar la presencia de El Chueco en Panamá, se desprendían de los datos aportados por Deysi Baeza, quien durante años fue considerada su amante, y quien durante el gobierno de Villanueva se había hecho cargo de los institutos estatales de Vivienda y de Agua Potable y Alcantarillado.
Incluso ocho meses después de la fuga, en noviembre de 1999, el programa 60 Minutos de la cadena estadunidense CBS abordaría el tema Villanueva y presentaría un entrevista con el ex gobernador, realizada en febrero, donde se le preguntaba directamente si tenía planes para huir y exiliarse en Panamá una vez que dejara el cargo.
“No es cierto… soy un hombre que está seguro de sí mismo. Estoy limpio y dispuesto a enfrentar la justicia. No me tienen que cazar, no me tengo que ir corriendo o esconderme en algún lado” -fue la respuesta.
Dos años después, según la versión, Mario Villanueva fue el único pasajero del jet del gobierno mexicano que despegó a la medianoche del domingo, casi la madrugada. Había llegado a la ciudad de México un día antes, el sábado, donde se habría entrevistado con algunas personas que colaborarían en su escapatoria, entre ellos, sus abogados Raúl Cárdenas y Juan Collado. El primero es también abogado de Raúl Salinas de Gortari, de prominentes empresarios y destacados políticos.
Había asegurado que no se quedaría con las manos cruzadas, en febrero del año pasado, en una entrevista publicada por Milenio, y soltaría algunas cosas los conocidos manejos de las candidaturas en su partido: hizo el compromiso de sacar adelante al actual gobernador, Joaquín Hendricks y a la presidenta municipal de Cancún, Magaly Achach, y luego el sistema, Gobernación, no le cumplieron: “Hicimos un compromiso, yo cumplí mi parte, yo hice que ganaran los candidatos del partido, los que ellos quisieron, yo les di el dinero, les hice la campaña, tenía el control del estado, tengo papeles para probarlo. Cuando lo de la gorda, lo de Magaly, yo me metí para sacar todo, limpio, sin quejas, aunque no era mi candidata”.
Dos años después, Mario Villanueva ni está detenido ni ha hablado como lo prometió ni se encuentra preso en Almoloya. Se encuentra prófugo de la justicia, según parece, gracias a una red de complicidades que incluiría a mandos de la justicia mexicana. Es probable que la advertencia hecha en El Mostrenco hiciera que desde Gobernación se prepara la huida, el sistema político no quería acelerar su eutanasia, la cual finalmente comenzó el 2 de julio.

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