Entrevista con Jorge Mas Santos, líder de la FNCA / "La reconciliación con Fidel, imposible"

La Fundación Nacional Cubano Americana (FNCA), la más importante organización anticastrista, ha sido foco de atención en los últimos meses, dados los roces que en su interior se han dado y el aparente cisma que sufre. Miembros destacados y antiguos de la organización, como Ninoska Pérez, quien se desempeñaba como directora de La voz de la Fundación, emisora del exilio en Miami, o su tesorero, Feliciano Foyo, han decidido abandonar el grupo con el argumento de que la línea ideológica ha cambiado y que las decisiones se toman a puerta cerrada. Un ex guardaespaldas del fallecido Jorge Mas Canosa incluso ha registrado el nombre de la FNCA como propio. Se asegura que hoy que la Fundación está siendo manejada como un feudo privado por Jorge Mas Santos, presidente de la Junta Directiva de la Fundación y heredero de Mas Canosa.
Mas Santos aceptó responder, el 2 de septiembre de 2001, a un cuestionario de MILENIO en el cual hablaba de la organización que preside, el régimen en la isla y la posición de México en el tema.
—Partamos del hecho de que la organización perdió su nombre, su registro y a miembros importantes del Comité Ejecutivo. Dados los recientes acontecimientos en el seno de la organización, ¿existe aún la Fundación Nacional Cubano Americana? ¿Qué queda? ¿Estaremos hablando del fin de la organización anticastrista más importante?

—Los acontecimientos recientes en la Fundación no implican de ninguna manera el fin de la institución. Claro que existe la FNCA, y así lo demuestran los miles de miembros que contribuyen mensualmente a la organización, los 150 miembros de la junta directiva, y los activos capítulos y oficinas que mantenemos en Washington, DC, Nueva Jersey y San Juan Puerto Rico, por nombrar algunos. En julio celebramos nuestro vigésimo congreso anual con la incorporación de 14 nuevos directores y fideicomisarios a la junta directiva que vienen con deseos de trabajar y contribuir a la causa de la libertad de Cuba. Fueron tres días de intercambios de ideas, elecciones de oficiales y aprobación de nuevos proyectos, todo dentro de un marco democrático y patriótico…
La organización no ha perdido su nombre. Un antiguo empleado utilizó un subterfugio legal que ya ha sido corregido. Este ex empleado está siendo demandado ante las cortes federales por robo de marca establecida.
La renuncia de varios miembros de la junta directiva, aunque lamentable, no nos va a desviar de lo que ha sido y continuará siendo nuestro objetivo fundamental, que es la plena liberación de Cuba, con elecciones transparentes y democráticas, y un estado de derecho que garantice los derechos y dignidad del pueblo cubano.

—Por otro lado, ¿Jorge Mas Santos no le habrá apostado a eso: a sacudirse a la “vieja guardia” de la Fundación para darle un giro a la política respecto a la isla?

—La “vieja guardia” de la Fundación está muy bien representada en la organización, con la participación de directores fundadores que permanecen en la junta directiva, dispuestos a seguir entregando lo mejor de sí. Pero además me enorgullece ver cómo las nuevas generaciones sentimos ese amor por nuestro pueblo y estamos comprometidos con la lucha por la democracia en Cuba. Es natural que en el transcurso de 20 años surjan cambios y nuevos estilos que no siempre van a ser del agrado de todos. Lo más importante es seguir haciendo por Cuba, y demostrarle al pueblo cubano que en las democracias las personas discrepan, se expresan, y no pasa nada.

—Vayamos a lo real. La FNCA siempre ha pugnado por la aplicación efectiva de la Ley Helms-Burton. El exilio cubano fue determinante en la victoria de George Bush en Florida y el presidente estadunidense hasta el momento no ha tomado las medidas que muchos esperarían en cuanto al tema de Cuba. ¿Cuál es entonces la posición de la Fundación?

—En términos de la Ley Helms-Burton, continuamos apoyando su total aplicación. Es bochornoso que en Cuba las multinacionales se conjuren con el régimen castrista para comercializar con propiedades robadas. Estas empresas, en su mayoría apoyadas por sus respectivos gobiernos, son cómplices de las violaciones que Castro y su sistema cometen contra el trabajador cubano, a quien no se le reconocen los derechos laborales garantizados por acuerdos internacionales. En Cuba, estos empresarios realizan prácticas que en sus países son ilegales y moralmente inaceptables. Se aprovechan de la condición esclava del trabajador cubano, que no puede presentar reclamos ni exigir mejoras. El presidente George Bush ha reiterado que mantendrá una posición firme en contra de Castro y está cumpliendo su palabra de varias maneras. Estamos muy complacidos con su gestión, aunque en esta ocasión decidiera postergar la implementación del Título III de la Ley Helms-Burton. Por supuesto que nos hubiera gustado que la implementase, pero comprendemos las exigencias que enfrenta en política exterior en este momento.

—De acuerdo con la perspectiva del exilio cubano representado por la Fundación y en el análisis más objetivo que pueda usted aportar, sin apasionamientos, ¿cómo será juzgado Fidel Castro tras dejar el poder?

—Fidel Castro será juzgado por la historia como lo que es: un criminal que usurpó el poder ilegítimamente y se mantuvo en él a base de terror, causando a su pueblo una incalculable cuota de dolor por medio de su sistema totalitario y personalista. Se habla mucho de los supuestos “logros” de la revolución en educación y salud, pero existe un gran desconocimiento de lo que eso realmente significa para el pueblo cubano. Cuando se impone una ideología, se adoctrina en las escuelas, se discrimina por motivos políticos, y no existen alternativas educacionales, creo que debemos concluir que esa educación es la más costosa del mundo, porque exige el sometimiento del libre pensamiento a cambio de aprender a leer y escribir. Por otra parte, en términos de calidad, el sistema de salud es uno para el pueblo y otro para los extranjeros que pagan en dólares. Claro está, la cúpula gobernante se atiende en los mejores hospitales. Los hospitales y clínicas para el pueblo están en pésimas condiciones y carecen de medicinas que sí están disponibles por dólares. El sistema de salud “gratuito” no lo paga el gobierno, sino el cubano en base a salarios abusivamente bajos. Lo mismo ocurre en las viviendas, se desmoronan mientras se construyen hoteles de lujo para uso exclusivo de extranjeros. Los servicios sociales en Cuba, esas “conquistas artificiales” que se dicen gratuitos, están fuertemente subsidiados por el sudor del pueblo.
En realidad, cuando se habla de los más de 42 años de Fidel Castro en el poder, basta con una mirada a sus verdaderos logros: cerca de 300 cárceles y granjas-prisiones en un país pequeño; ejecuciones políticas; miles de presos políticos; éxodos masivos; un siniestro sistema de control y vigilancia a la población, que va de los informantes del Comité de Defensa, organizados en cada cuadra residencial, hasta la policía del Ministerio del Interior; guerrillas exportadas a varios países vecinos y entrenadas en Cuba; apartheid turístico y económico que ha reducido a la población a un lugar de tercera categoría en su propio país. Fidel Castro no podrá escapar del juicio de la historia por el sufrimiento que ha causado, tanto en Cuba como en países como Angola y Nicaragua, por mencionar dos.

—Por otro lado, ustedes también son parte de esa historia cubana y el mismo juicio los va a alcanzar. Seamos realistas. Muchos cubanos del exilio no tienen la verdadera intención de volver a la isla, han hecho su vida en otra tierra y que ya participan activamente en la política partidista en Estados Unidos. Muchos activistas, incluso, nacieron fuera de Cuba. ¿Por qué la insistencia a influir y a modificar lo que pasa dentro de la isla de parte de esta fracción del exilio?

—Las más recientes encuestas realizadas entre los cubanos exiliados muestran que, en efecto, muchos no piensan regresar a vivir en la isla, pero sí desean participar en la reconstrucción económica y social de Cuba. Creo que este dato de por sí es revelador, porque demuestra que lo que nos mueve es un espíritu fraternal, de saber que nuestros hermanos disfrutan de libertad, que pueden elegir a sus gobernantes, que sientan que la esperanza y los derechos no son lujos, sino que son elementos imprescindibles a la dignidad humana. Estamos muy agradecidos con la multitud de países de América y del mundo entero que nos han acogido por su generosidad, pero no podemos olvidar que también somos parte de ese pueblo, aunque estemos obligados a nacer y vivir fuera de él, y como tal tenemos derecho a opinar sobre lo que en Cuba sucede y a abrirle caminos a la patria.

—La FNCA ha apoyado el embargo impuesto por Estados Unidos a Cuba y el gobierno de Fidel Castro. ¿El hecho en sí, no entraña una contradicción? ¿Acaso el apoyo al embargo no conlleva sumir aún más en la miseria y la desesperanza a los que ustedes denominan como sus hermanos en la isla, que son los que precisamente viven con limitaciones?

—No existe contradicción en el apoyo al embargo de Estados Unidos a Cuba. El embargo es un instrumento de presión y envía un claro mensaje a Fidel Castro de que su gobierno es ilegítimo, y como tal, no puede aspirar a recibir un mejor trato por parte de los Estados Unidos. Castro comercializa con el resto del mundo —aunque no paga— pero lo que Castro quiere es el levantamiento del embargo para obtener créditos que le permitan seguir financiando su fracasada dictadura. Si el embargo se levantara, el pueblo continuaría bajo estrictos racionamientos, que se mantuvieron aun cuando la Unión Soviética aportaba billones de dólares anuales a la economía cubana. La desesperanza del pueblo no es producto del embargo, sino de la dictadura asfixiante. Ese pueblo sabe que las obsesivas marchas que convoca Castro cuestan millones en pérdidas de producción, costos de movilizar a la población, etcétera. El pueblo también sabe que Castro viste de verde olivo, pero posee amplias casas y fincas —que no poseía cuando llegó al poder—, y cuando viaja al exterior, su comitiva es siempre la más ostentosa. Además, es un secreto a voces los millones que tienen él y Raúl Castro depositados en bancos extranjeros, que no son suyos, sino del pueblo. Por otra parte, desde la ciudad de Miami, el asentamiento mayor de exiliados cubanos, se envían millones de dólares anuales en asistencia humanitaria para familiares en la isla. ¿Existe mejor prueba que con el apoyo al embargo no se busca dañar al pueblo, sino al responsable de sus males?

—Derechos humanos. Asumamos, con base en varios factores que el de Castro es un gobierno que viola sistemáticamente las garantías elementales de los cubanos. ¿Cree objetivamente que la Fundación está contribuyendo para que esta situación desaparezca? ¿Qué se ha hecho? ¿Qué falta?

—Desde su inicio, la FNCA se ha preocupado por las violaciones a los derechos humanos en Cuba. Esa preocupación se ha manifestado en acción, contactando con activistas de derechos humanos en la isla, participando en foros internacionales, informando a gobiernos, la prensa y a organismos internacionales de derechos humanos. Todos los años denunciamos al régimen de Cuba ante la asamblea anual de la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas en Ginebra. Creo que toda esa labor ha contribuido a crear conciencia y a lograr condenas a Fidel Castro como violador sistemático de los derechos humanos. Lo que falta es que más gobiernos tengan la voluntad política de solidarizarse con las víctimas y demostrarle al dictador cubano que su comportamiento es inaceptable y censurable. Que más personas se den cuenta que el pueblo de Cuba tiene tanto derecho como ellos a pensar y expresarse, a trabajar con dignidad, a vivir en libertad. Es hora de que acepten el hecho que Castro no es un Quijote ni un Robin Hood, sino un tirano.

—Lo único real y tangible, es que Fidel Castro, ese hombre que ustedes quieren fuera del poder, sigue ocupando la misma posición, es el hombre que toma las decisiones. Pareciera que todas las peleas de la Fundación se dieran en el Congreso de EU ¿No es obvio que la estrategia no ha funcionado? ¿Por qué obstinarse entonces con seguir con los mismos métodos?

—La Fundación se ha caracterizado por su habilidad de tocar muchas puertas, no sólo las de Washington, en nombre del pueblo amordazado de Cuba. Continuaremos buscando aliados en el Congreso de Estados Unidos, y en hombres de buena voluntad alrededor del mundo. El régimen castrista tiene a su disposición recursos ilimitados que pone en función de mantenerse en el poder, pero eso no nos intimida. Vamos a seguir explorando nuevas estrategias, con creatividad e inteligencia, sin abandonar nuestros principios.

—Hablemos de la parte fundamentalista de la FNCA. A veces pareciera que en esta realidad, los cubanos se dividen en buenos y malos, y los malos son siempre los otros. ¿Es así la realidad? ¿La parte buena de esa Cuba que conocemos está necesariamente en el exilio o en la oposición interna?

—Hay buenos cubanos en ambos lados del estrecho de la Florida. El denominador común entre todos es que somos víctimas, de alguna forma u otra, de la dictadura de Fidel Castro. En la oposición cubana militan hombres y mujeres que han tenido la visión y el coraje de pagar el alto costo de enfrentarse al sistema. En la isla, muchos languidecen en las cárceles, como José Luis García Pérez Antunez y el doctor Óscar Biscet, mientras otros son arrestados y golpeados por agentes y turbas castristas por la “osadía” de convocar una marcha pacífica. En el exilio, la distancia y los años no han diezmado esa oposición. Aunar fuerzas para combatir a la férrea dictadura, cada cual con su verdad y su cúmulo de experiencias, es la tarea de todos, en la isla y en la diáspora.

—Las relaciones México-Cuba fueron excelentes durante décadas, lo cual cambió profundamente durante el gobierno del presidente Zedillo. A partir de la alternancia representada por Fox ha sido posible observar una relación dual: por un lado cuestionamientos a la situación de derechos humanos y por otro el impulso a las relaciones de colaboración en materia económica, de educación y turística. Por si fuera poco hay acuerdos recientes con el fin de llevar inversiones mexicanas que fortalecerían económicamente al gobierno de la isla y aun el presidente mexicano Vicente Fox ha declarado que el embargo es una tontería. Este podría ser el punto crítico para muchos. ¿Qué lectura le dan ustedes a esto? ¿Cuál es su postura?

—Veo con optimismo cómo la opinión pública en México se transforma y se pronuncia cada día más críticamente en contra de Castro. Las relaciones entre Cuba y México son tema de debate nacional en el Senado de la República y en importantes círculos civiles. A ese debate se han sumado las voces de prestigiosos intelectuales, académicos y dirigentes de la sociedad civil, que han señalado su preocupación y condena ante la represión que sufre nuestro pueblo. Castro es un fósil político que no simboliza nada positivo para un país como México, que practica la democracia. La voz de México es escuchada y respetada en el ámbito mundial por su liderazgo entre las naciones de nuestro continente, y el presidente Vicente Fox tiene en sus manos la oportunidad histórica de liderear una política regional hacia Cuba que sea consecuente con los valores democráticos.

—¿Hay reconciliación posible entre TODOS los cubanos? ¿Es posible una reconciliación que incluya a Fidel y su gente? En la historia moderna tenemos ejemplos como el de Chile donde se ha optado por el “Punto Final” que evite mayores enfrentamientos y una mayor fractura en el país… ¿Es posible que Cuba tome una decisión de ese tipo? ¿Cuántos de verdad estarían dispuestos a ello?

—La Cuba que queremos deberá tener espacio y ofrecer oportunidades para todos, menos para los hermanos Castro y aquellos directamente responsables por crímenes de lesa humanidad. La reconciliación con Fidel Castro es imposible. Ha habido demasiado derramamiento de sangre y demasiado dolor. No puede haber reconciliación con quien ni siquiera se arrepiente del daño que le ha causado a la nación cubana. Lo mejor que pudiera pasar es que los hermanos Castro desaparezcan de una vez por todas del escenario político. Sí creo, sin embargo, que la reconciliación entre los cubanos es posible, pero debe venir acompañada de justicia. No me refiero al pase de cuentas característico del revanchismo, como hicieran los Tribunales Revolucionarios de Castro, que sembraron el terror con base en ejecuciones y arbitrariedades, sino de la verdadera justicia que sólo es posible en un estado de derecho con plenas garantías. Los cubanos tenemos que ser capaces de crear nuestro propio modelo para la Cuba post-Castro. La Fundación está trabajando a favor de ello, velando porque ese modelo no signifique libertad a medias y la frustración de las aspiraciones del pueblo cubano.

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