Sinaloa: la muerte en las calles

Milenio 225, 14 de enero de 2002

El 2001 llegó a su fin con un saldo trágico para el estado de Sinaloa. El número de homicidios dolosos en la entidad superó por varias decenas el récord de 2000, a pesar de dos incursiones de la Policía Federal Preventiva que buscaron disminuir la incidencia de delitos. Los principales cárteles del país se mueven impunemente por las principales ciudades de la entidad. Los recursos, la capacidad de acción y de movilización del narco rebasan con mucho la capacidad del gobierno estatal. Para el gobierno federal no ha sido diferente.

CULIACÁN.— Hace días que en Quebrada de Abajo, en el municipio de Mocorito, sólo vive un pequeño puñado de personas, una familia para ser precisos. El resto de los habitantes salió; se buscaron otro lugar para vivir porque aquí es obvio que ya no se puede.
La decisión fue tomada luego de que a los hombres del pueblo los “levantó” un grupo de gatilleros. Lo mismo pasó en febrero, en Cosalá. Ahí los mataron a todos. Acá no. Acá hicieron pedazos sus casas, reduciendo sus pertenencias a cenizas, les dejaron el testimonio de sus armas en las paredes, los golpearon y los dejaron regresar a la comunidad con la advertencia de que si en 20 días no habían dejado el pueblo, los matarían; era en serio, les dijeron.
Aún no han vuelto por ellos. Los pocos, que se mantienen en Cerro del Macho, en el límite de Mocorito con Badiraguato, no tienen a dónde ir.
Las autoridades del estado han puesto alerta máxima, los operativos han llegado hasta la zona sólo para testimoniar aquello, para dar cuenta del miedo de los habitantes, de los pocos que se quedaron, sin saber lo que pasará al fin del plazo. Saben que se les puede poner un dique durante un tiempo razonable, pero no se les podrá contener todo el tiempo. Saben que es en serio.

Hoy todavía la cotidianidad en Sinaloa remite a notas como éstas, aparecidas en los diarios locales, sobre personas “levantadas”, que horas más tarde reaparecen sin vida, atadas de pies y manos con cinta canela, con marcas de tortura, realizadas con una sevicia sólo atribuible al narco. Cada historia tiene sus matices. Aunque sólo los hechos excepcionalmente violentos llegan a las páginas de la prensa nacional.
El tercer procurador de Justicia de la actual administración, Óscar Fidel González Mendívil, ha entrado en funciones, luego de que su antecesor abandonara el cargo con 378 homicidios en las estadísticas estatales, el pasado 27 de agosto.
El narcotráfico que hoy se pelea el control de esta plaza en las calles de Culiacán, Mazatlán, Badiraguato, Navolato y otras localidades, dice el funcionario en entrevista con Milenio Semanal, “es un factor sin el cual no te explicas la criminalidad en el estado”.
Por lo pronto, diciembre llegó con el olor a miedo a la entidad. Y es que las fiestas de Navidad y Año Nuevo traen de vuelta a los narcos y a sus sicarios, que tienen en Sinaloa a sus familias, a sus amigos e incluso a sus muertos, con añejos odios entre sí. Asimismo, la cosecha de marihuana en la región comienza, lo que trae enfrentamientos abiertos por su control y su venta, sobre todo en Culiacán y Mazatlán.

El 7 de enero, el secretario de Seguridad Pública estatal, Humberto López Favela dio cuenta de 14 homicidios dolosos en la entidad. Dos más esperaban a la vuelta de la esquina, la tarde de ese día, en el fraccionamiento Villa Verde, donde un reducido grupo de sujetos llegaría hasta la sala de un domicilio, para asesinar a un matrimonio con tiros de .45 y .38 súper y darse el lujo de perdonarles la vida a sus hijos de dos y cuatro años. Los números de arranque tienen un terco parecido a los de hace 12 meses.
Hace justo un año, el gobernador Juan S. Millán se hallaba ante uno de los peores escenarios en sus dos años al frente de la entidad. Sinaloa recibía el 2001 con el lastre de 501 asesinatos del año anterior, resultado en su mayoría, de ajustes de cuentas entre cárteles.
Y es que la delincuencia organizada dejó de darle respiro a Sinaloa, tan pronto como al presidente Vicente Fox se le ocurrió declararle la guerra a los hermanos Arellano Félix, el 21 de diciembre de 2000. Para las primeras horas del nuevo año, Juan Millán tenía ya sobre el escritorio seis ejecuciones por resolver en Culiacán, luego de que seis jóvenes, entre 19 y 23 años, fueran ejecutados a las primeras horas de 2001, por un grupo armado con rifles AK-47, en la colonia Las Quintas.
Los sicarios iban por uno de ellos, pero los demás cayeron igual.
Las estadísticas, casi siempre sin significado cuando se habla del combate del Estado a la delincuencia, decían mucho para el 5 de enero: hasta entonces, 16 asesinatos habían sido registrados, casi todos con trazas de ajustes de cuentas al estilo de los grupos de narcotraficantes. Puestos en perspectiva con los 63 asesinatos de diciembre de 2000, la cifra ya hablaba de una escalada de violencia de magnitud considerable en el estado.
El primer error de la administración fue la designación de un nuevo procurador, mediante un proceso en que los dados estaban cargados desde un inicio a favor de Jesús Ramón Castro Atondo, quien finalmente resultó ser el designado por el gobernador y ratificado por el Congreso local.
Entrevistado justo hace un año por Milenio, Ismael Bojorquez, jefe de información y columnista del diario Noroeste de aquella entidad, anticipaba que incorporar funcionarios venidos de “las estructuras del fracaso” en la lucha contra la delincuencia, resultaba “un error garrafal”. El periodista no se equivocó del todo.
El gobernador Millán viajó los primeros días del año a la ciudad de México para reunirse con el secretario de Gobernación, Santiago Creel; el titular de Seguridad Pública, Alejandro Gertz Manero, y el procurador general de la República, Rafael Macedo de la Concha, para pedir su ayuda, y ante quienes reconoció estar alarmado por la situación que vivía Sinaloa.
Para el lunes 15 de enero, Millán tenía 12 camiones Mercedes Benz entrando a la entidad, la presencia de cuatro helicópteros y mil 180 policías de la Federal Preventiva para el inicio de los patrullajes. Durante un mes, la PFP fue un dique a la delincuencia en Sinaloa. No obstante, seis días después de su salida, el narco volvió con furia a terminar algunos pendientes.
Así fue que el 14 de febrero, Día de San Valentín, un comando de 24 hombres, vestidos con ropa militar y pasamontañas, irrumpió en la comunidad de El Limoncito, ubicada en el municipio de Cosalá, en la zona serrana ubicada al sur de la entidad.
Los hombres llegaron hasta el lugar donde los habitantes del pueblo festejaban el cumpleaños del comisario ejidal, Valentín Beltrán. Los encapuchados interrogaron a los presentes sobre el paradero de un hombre. Nadie lo supo, así que todos los hombres del lugar fueron obligados a subir a un camión de redilas, donde fueron atados de pies y manos, antes de ser masacrados en un tiroteo ensordecedor que duraría más de cinco minutos y que desperdigó a niños y mujeres por los cerros cercanos, donde se mantuvieron agazapados, evitando la muerte.

La PFP volvió a incursionar en la entidad para contener, de nueva cuenta, el desbocado marcador en contra, pero las ejecuciones no se detuvieron.
A mediados del mes de mayo, por ejemplo, en El Guamúchil, una población ubicada en la zona serrana de Mazatlán, tres personas fueron sacadas a la fuerza de una boda por al menos diez jinetes, y ejecutados a balazos a unos cuantos metros de ahí. Los sicarios reaparecerían cuando los cuerpos eran trasladados por el Ministerio Público a la funeraria de guardia para llevarse los cadáveres que posteriormente fueron encontrados descuartizados… a finales de julio, en los límites con Chihuahua, el enfrentamiento de seis miembros de una familia por una tonelada de marihuana volvería la atención pública sobre la entidad.
González Mendívil se repite a sí mismo el problema y lo explica: “La PFP estuvo dos veces en Sinaloa y los índices no bajaron… ¿qué fue lo que no resultó?: la intermitencia de la presencia. Eso es lo que hay que corregir. Hay que ver una presencia constante, de otra manera no puedes saberlo… No tienes capacidad para analizar la actuación de tu corporación si sólo la metes a trabajar quince días y luego te la llevas”.

A cinco días de que el mes de agosto terminara, el procurador Castro Atondo renunció. Haber abatido los números negativos en materia de secuestros no fue suficiente: la percepción de los ciudadanos en materia de seguridad y la imagen del estado como feudo de narcotraficantes aparecen mucho más vinculados con las muertes violentas.
Durante un mes, hubo un vacío en la Procuraduría. Finalmente, Óscar Fidel González llegó al relevo a enfrentar el último trimestre del año. Ya en funciones, una nueva escalada lo sorprendió, cobrando ocho vidas.
Primero fueron los asesinatos del acuacultor Marco Polo Gómez Olmedo y del médico Alcides Acosta Gómez, quienes horas antes habían sido “levantados” por varios hombres armados y posteriormente encontrados en Culiacancito, atados de pies y manos con cinta canela, y con un tiro de gracia en la cabeza.
Más tarde, la muerte tocaría a Héctor Medina Morales, quien había sido abogado del ex campeón mundial de box, Julio César Chávez —a quien los hermanos Arellano Félix prodigaban su amistad—, y su escolta, quienes murieron emboscados.
Pero el 11 de noviembre vendría el verdadero desafío al Estado: el asesinato de los magistrados federales Benito Andrade Ibarra y Jesús Ayala Montenegro, además de la esposa de este último, en el fraccionamiento El Cid, en Mazatlán, mientras esperaban a un amigo, estacionados a bordo de una Suburban, para asistir a un partido de beisbol.
En el lugar fueron encontrados 40 casquillos de rifle AK-47. Lo terminado del trabajo dirigió las sospechas hacia una ejecución del narco, pues además de usarse excesiva violencia, ambos vehículos —el de los magistrados y el de los gatilleros, el cual fue hallado después— se encontraban perfectamente limpios, sin una sola huella. Coincidentemente, Andrade Ibarra estaba involucrado con el rechazo a un amparo interpuesto por la defensa de Francisco Rafael Arellano Félix, hermano de Benjamín y Ramón, líderes del cártel de Tijuana.

Se le pregunta al procurador si está consciente de que los números costaron la renuncia de su antecesor. Él habla de un análisis de factores, más allá de la incidencia delictiva. Advierte que la evaluación no solamente la realiza el gobernador, sino que hay instancias como el Consejo Estatal de Seguridad y el Congreso local, quienes en última instancia determinarían su salida.
“Hablar de que la labor de la Procuraduría depende de la incidencia delictiva es una situación injustificada en función de lo que a la Procuraduría le corresponde hacer —advierte—. Pero formamos parte de un sistema de seguridad pública y hay que entender que el ciudadano no tiene la obligación de diferenciar a quién le corresponde, del otro lado, la atención de esos problemas.
“Por supuesto que para ser procurador, uno tiene que estar consciente de que significas una de las figuras más públicas de la cadena de seguridad y a la cual, con frecuencia se le pide información respecto de las soluciones que se están aportando.”
—¿Entonces a este procurador no lo van a sacar del cargo los números?
—El día que yo tomé posesión el gobernador nos giró una instrucción muy precisa; nos dijo “a evaluación constante todo el mundo”, y estamos sujetos a lo mismo. Estas evaluaciones tendrán que darse así y estamos muy conscientes de que en la oportunidad que se nos ha brindado está ligada fundamental y esencialmente con los resultados que se puedan obtener en la materia.

El capítulo de El Mayo Zambada
La capacidad de movilización del narco y su grado de penetración en los cuerpos de seguridad, fue parte de un capítulo escrito en Culiacán el pasado agosto. Los primeros días de ese mes, en condiciones poco afortunadas, Ismael El Mayo Zambada estuvo en Culiacán, ciudad de donde salió sin ser aprehendido.
Su nieto, Vicente Zambada Balboa, había sufrido un accidente en el rancho La Campana, que al final le iba a costar la vida. Las versiones apuntan a la Clínica de Especialidades Médicas, un hospital privado conocido en la ciudad como el Cemsi, como el lugar donde el miembro de la familia Zambada falleció.
Sin embargo, en los registros de la clínica es imposible saber lo que ahí pasó, toda vez que el nieto de El Mayo fue internado con el nombre de Manuel Quiñonez Borboa.
El jefe del cártel de Sinaloa se presentó en la clínica para observar la evolución de su nieto. Fuera del hospital, su seguridad personal rodeaba el edificio, apoyada por elementos que se habrían puesto a sus órdenes y que lo pusieron bajo aviso cuando la Procuraduría llegó por él.
La operación para su captura fracasó; El Mayo estaba ya muy lejos incluso para ver la muerte de Vicente.

Éste es Sinaloa, el lugar donde la gente de los Arellano y de El Mayo Zambada se pelean el control de los cargamentos y las rutas a plena luz del día. Son los grupos que luego de la Operación Cóndor se fueron a Tijuana, a Jalisco, a Sonora, expulsados todos por el Ejército Méxicano
El pasado mes de noviembre, la página web del gobierno de Sinaloa que mostraba las cifras delictivas en la entidad, cambió: dejaron de mostrarse el total de asesinatos perpetrados por año, para mostrar en perspectiva —mediante gráficas de barras— los resultados de los últimos nueve años.
De esa manera, el 2001, lejos de ser el segundo año con más ejecuciones de la administración de Juan S. Millán, es presentado como uno de los años con menor incidencia de homicidios en la década.
Sin embargo, ahí queda la Sinaloa de 551 asesinatos reconocidos por las autoridades, la Sinaloa exportadora de narcos que acaba de arrancar los narcocorridos de su programación radiofónica, la Sinaloa del culto pagano a Jesús Malverde, la Sinaloa de las estrofas de “Los Gallos”…

Por tierras de Sinaloa hay miles gallos afamados/
Modesto Osuna y Gabino contra la ley se encontraron/
murió como gallo fino Pedro Avilés emboscado/
Rafael Caro Quintero de la Noria muy mentado/
y Miguel Félix Gallardo por Culiacán respetado/
el Don Ernesto Fonseca un gallo muy bien jugado(…)
Ramón Lizárraga vive y les puede él demostrar/
que en todito Sinaloa hay gallitos de verdad.
Epílogo
Día 2 de noviembre. Conmemoración de los fieles difuntos. En el cementerio municipal de Culiacán pasan inadvertidas diversas coronas, ante la cantidad flores que se regalan en cada tumba, ante la cantidad de muertos a los que hay que llorar.
Bien dicen que en Sinaloa los miembros de los cárteles más importantes del país tienen a sus familias, a sus amigos, a sus muertos…
Inadvertidas, algunas coronas tienen un nombre, el nombre de quien pagó por ellas: Joaquín Guzmán Loera.
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8 comentarios en “Sinaloa: la muerte en las calles

  1. RENUNCIO CASTRO ATONDO O FUE QUE LO QUITARON CON ORDEN PRESIDENCIAL POR SU COMPLICIDAD CON OLIVIA MARISELA ESCOBAR RUIZ Y SU BANDA DE DELICUENTES, SECRETO A VOCES QUE CASI LE CUESTA LA VIDA A SU DEMANDANTE!!! ESO NO SE LO SABIAN VERDAD, PORQUE NADIE INVESTIGO LOS VERDADEROS MOTIVOS DE ESA RENUNCIA!!!

  2. auk aya muchas muetre y eso no me alegra pero la berdad no m da miedo vivir en culiaca. x eso puro pa delante pleves!!!!

  3. jajajajjja es una burla lo k los gobiernos de sinaloa(pri) hacen kon nosotros los ciudadanos, cuando la realidad es k de nuestra sangre sale para sus chekes cada 15 dias, lo minimo k deveria de hacer el sr. gobernador es tener un poco de dignidad y no decir k su gobierno esta dandole con todo al crimen organizado, ese choro ya se lo sabe uno jajajajjajaja

  4. no solamente son las muertes de personas si no tambien las muertes que aunque vivan sus padres dejan desamparados a sus hijos sin importarles nada y no hacen nada los funcionarios que les toca velar por la niñez sinaloa lastima de estado tan rico pero enviciado en la corrupcion

  5. hola. felicidades por sus escritos, estoy terminando (sexto semestre)de prepa. tengo inquietud por escribir, quiero estudiar la carrera ciencias de la comunicacion, por favor visite una pagina que hice, son mis pi ninos, primeros escritos .gracias

  6. a mi me parece muy injusto lo k an exo cn pedro, xk era un muxaxo mu bueno y no se metia nunca cn nadie. mi mas sentido pesame a sus familiares… y yo k se como al otro muxaxo k lo mato no lo metiern en la carcel xk le faltaban 3 h xara kumplir 18 años al otro si xro a este no. esto es muy ingusto k lo metan en la carcel vaya. :-( ES UNA INJUSTICIA!!!!! pedro no le habia exo daño a los otros 2 xara k lo mataran solo defendia a la novia de su amigo!!!!!!!
    PEDRO TODOS LOS K CONFIAN EN TI TE KEREMS MUXO MUXO!!!!!
    dond kera k stes TE KEREMOS Y TE SEGUIREMS KERIENDO X SIEMPRE¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡
    muxs besitos pedro!¡.. d parte d ls k te keren muxo jeje….

  7. Es muy triste la leyenda de Sinaloa y Culiacán, siento que el procurador Cardenas Fonseca que está al frente de la Procuraduria actualmente es es mas ineficiente que hemos tenido, demuestra una gran ineptitud, está bajo la sombra de Aguilar Padilla el Gobernador, cobrando cheque sin desquitarlo y eso es lamentable, de perdida el Gobernador debía tener el decoro de removerlo, ante tantas muertes de policias, pero a como se ve, esas muertes le importan un comino, que no les de reconocimientos a sus viudas, que no digan que murieron en el cumplimiento del deber, de lo que realmente deben preocuparse es de salvaguardar precisamente sus vidas y las de los ciudadanos de Sinaloa.

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