La crítica deportiva se muda de casa

No del todo logrado, es cierto, pero un texto de Gabriela Morales-Casas publicado en el número 358 de Día Siete, comenta atinadamente sobre el hartazgo del público por la oferta deportiva de Televisa y TV Azteca y la búsqueda en las cadenas de cable de una crítica seria, hecha por conocedores.
Casi todos periodistas formados en el viejo equipo de José Ramón Fernández, no deja de sorprender la mesura en las transmisiones y el nivel de debate que ESPN Deportes y Fox Sports han alcanzado tras atraer a ese talento que hace tiempo dejó de tener cabida en una pantalla excesivamente ensuciada por los intereses comerciales.
Sin desdeñar el esfuerzo reciente de Fox por enriquecer sus transmisiones al contratar a Raúl Orvañanos y a Pepe Espinosa (fallecido hace unos días), ESPN ha integrado un equipo por demás interesante que le ha permitido armar las mejores mesas de análisis. Futbol Picante y ESPN en Radio Fórmula han incorporado a periodistas de trayectoria como Heriberto Murrieta, Ciro Procuna, Daniel Ruso Brailovsky, Carlos Albert y David Faitelson, para recrear las polémicas que antes sólo tenían lugar en los micrófonos de En caliente o Los Protagonistas.
Sin José Ramón Fernández al frente del equipo de deportes de TV Azteca —feudo que ha sido entregado a Pablo Latapí—, la disputa por el rating con Televisa se ha reducido a un mero duelo en el que las participaciones de comentaristas como Emilio Fernando Alonso y Rafael Puente han sido abreviadas al máximo para abundar en las intervenciones de supuestos cómicos y aspirantes a actrices convertidas en entrevistadoras, sin mencionar la compra de simpatías por medio de regalos.
Francisco Javier González, otro viejo conocido de los aficionados al futbol y con seis mundiales en su haber, ahora es el titular de Estadio TV, en Sky, mientras que José Ramón Fernández inició desde enero un nuevo espacio en las pantallas de Telefórmula, con un formato similar al de Deportv, desde donde está redescubriendo su libertad.
Mientras tanto, y aun cuando el público parece pedir mayor profundidad y detalle en el análisis, la televisión abierta ha entrado en dinámicas que incluyen interrumpir abruptamente continuamente la crónica deportiva para insertar publicidad y convertir a los comentaristas en acríticos integrantes de una porra televisiva. De hecho, durante la participación de la Selección Nacional en la Copa de Oro y la Copa América, celebradas en el último mes, Pablo Latapí llevó a cabo la idea más estúpida que pueda concebirse en un evento deportivo. En los juegos de México está prohibido cantar los goles del adversario.
Está claro que José Ramón fue un maestro que formó y luego alejó a sus mejores alumnos; no obstante, son ellos quienes están haciendo la diferencia en la otra televisión, la que no canjea goles por operaciones de riñón ni se pinta la cara como holligan para caerle bien al público chabacano.
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